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Vista 3D de Santiago en OGUC 3D con un volumen de proyecto sobre un terreno y el panel de cifras normativas
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OGUC 3D: la norma como mapa, no como PDF

Saber qué se puede construir en un terreno chileno exige recorrer cinco servicios distintos. Estoy construyendo la plataforma que junta todo eso sobre un mapa en tres dimensiones.

Para saber qué se puede construir en un terreno en Chile hay que entrar a cinco sitios distintos. Ninguno se habla con el otro, cada uno usa su formato, y ninguno te muestra el resultado sobre el lugar real. Eso es lo que estoy tratando de arreglar con OGUC 3D.

La OGUC —la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, el reglamento que fija las reglas de la construcción en el país desde 1992— es solo una parte. Encima van los planes reguladores comunales, los límites urbanos, el patrimonio, los humedales, las áreas protegidas. Todo eso existe, todo es público, y aun así armar el cuadro completo de un sitio te puede tomar una tarde entera.

La información existe. Está partida en pedazos

Esto no es una queja sobre falta de datos. Chile tiene bastante información territorial publicada, y varios servicios han hecho un trabajo serio poniéndola en línea. El problema es que cada capa vive en la institución que la genera, con su propio visor, su propia escala y su propio ritmo de actualización.

Qué necesitas saberDónde está hoy
Zonificación, usos de suelo, constructibilidadGeoportal Open Data del MINVU y el catálogo de instrumentos de planificación territorial
Límites urbanos (PRC, PRI, PRM)Mismos servicios del MINVU, en capas separadas
Zonas típicas, monumentos históricos, santuarios de la naturalezaGeoportal del Consejo de Monumentos Nacionales
Humedales urbanos declaradosPrograma de humedales urbanos del Ministerio del Medio Ambiente
Áreas protegidas, sitios prioritarios, sitios RAMSARSIMBIO, del mismo ministerio

Cinco puertas distintas para un solo terreno. Y cuando por fin juntas todo, el resultado sigue siendo una pila de polígonos planos que hay que traducir mentalmente a un edificio. Ese último paso —el que de verdad importa— no lo hace ninguna plataforma: lo hace el arquitecto, a mano, con la experiencia que tenga.

Lo que aprendí de la OGUC Ilustrada

Antes de escribir una línea de código miré con atención el trabajo de la OGUC Ilustrada, publicada por Catálogo Arquitectura. Su aporte fue entender que el problema no era el acceso a la norma —está publicada, es gratis— sino su comprensión: tomaron el texto y lo dibujaron, volumen por volumen, hasta que un estudiante de segundo año pudiera entenderlo.

Esa es exactamente la brecha que me interesa. Ellos la cerraron con dibujo; mi apuesta es cerrarla con territorio. Que la norma no se explique en abstracto, sino que se vea aplicada sobre el sitio específico que estás mirando, en tres dimensiones y sobre la ciudad tal como existe hoy.

Cómo se ve

Buscar una dirección, encender capas y ver la norma sobre la ciudad real.

Funciona como un mapa, no como un documento. Buscas una dirección, enciendes las capas que te interesan y ves qué cae sobre el terreno: si está dentro del límite urbano, si toca una zona típica, si hay un humedal declarado al lado. Cada capa indica de qué servicio viene, para que sepas a quién le estás creyendo.

Del polígono al volumen

Del terreno dibujado al volumen: superficie, ocupación de suelo y pisos en la misma vista.

Acá está lo que más me importaba. Dibujas el terreno, defines volúmenes y la plataforma te devuelve superficie, ocupación de suelo, construcción total y número de pisos mientras los mueves. No reemplaza el anteproyecto ni la revisión de la DOM, pero convierte una pregunta que hoy toma días —¿esto da o no da?— en algo que respondes en la primera reunión, parado sobre el terreno real.

Por qué Valdivia es una buena prueba

Valdivia: donde la norma ambiental y la urbana se pisan todo el tiempo.

Elegí Valdivia para probar porque es donde el problema se ve sin explicación. Es una ciudad construida entre humedales, con la Ley 21.202 de humedales urbanos operando sobre el mismo suelo que regula el plan regulador. Dos normas, dos ministerios, dos visores. Sobre el mapa, en cambio, la superposición es evidente en dos segundos.

El área verde que no existe

Hay una escena que me persigue: un plano dice “área verde” y en el satélite se ve un terreno de tierra pelada, sin un solo árbol. La norma la declara verde; la ciudad no. Decidimos sobre la primera y vivimos en la segunda.

Mientras la información viva en planos planos, esa distancia es invisible. Sobre un modelo 3D con imagen real de fondo, salta a la vista. No es un detalle estético: es la diferencia entre planificar sobre el papel y planificar sobre el territorio.

Normas escritas para la tecnología de su época

Hace poco estuve en Guadalajara conversando con gente del Observatorio de Ciudades del Tec de Monterrey, que trabajó en esto: medir accesibilidad peatonal real en un estudio acotado, calculando el recorrido efectivo por la infraestructura que existe en vez de la línea recta.

El ejemplo que me quedó dando vueltas: un colegio dentro del radio que exige la norma —digamos 500 metros de un paradero— la cumple sin discusión. Pero al hacer el recorrido a pie, bordeando la manzana y cruzando donde se puede, la distancia real llegaba a ser el triple. La norma se cumple igual; el niño camina tres veces más.

Las normas que tenemos son las que la tecnología de su época permitía escribir.

Cuando la herramienta disponible era un plano impreso, un radio de 500 metros era una aproximación razonable: se dibujaba con un compás. Hoy tenemos redes viales completas, algoritmos de ruteo y capacidad de cálculo de sobra. Podríamos escribir normas en distancia caminable real, en tiempo de viaje, en accesibilidad efectiva.

Pero para llegar ahí falta el piso. No se puede regular con criterios calculados sobre una base que todavía vive en PDFs y shapefiles dispersos. Primero la base digital, completa y pública; después las normas inteligentes. En ese orden, y no al revés.

Para quién estoy construyendo esto

Empecé pensando en arquitectos, porque es de donde vengo y porque somos gente visual: entendemos más rápido un volumen que una tabla de constructibilidad. Pero durante el MDI en el ESE Business School de la Universidad de los Andes me quedó claro que la necesidad es más ancha.

  1. Oficinas de arquitectura: responder “¿esto da?” en la primera reunión, no a la semana.
  2. Inmobiliarias y desarrolladores: evaluar terrenos con la norma encima antes de comprometer capital.
  3. Direcciones de Obras y equipos municipales: revisar sobre la misma base que usó quien presenta el proyecto.
  4. Estudiantes: aprender la norma viéndola aplicada, no memorizando artículos.

Cuando publiqué los primeros avances en LinkedIn, la reacción me sorprendió: llegaron comentarios de los cuatro grupos, incluida gente del sector público. Eso me confirmó que el dolor no es de un gremio, es del sistema completo.

Dónde quiero que llegue

Me invitaron a integrar el comité de innovación de la AOA, la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile, y ahí es donde quiero empujar esto: que no se quede en una buena iniciativa privada. La meta es que la información normativa del país esté disponible en un formato digital, tridimensional y público, y que las DOM y los servicios puedan apoyarse en la misma base que usamos quienes proyectamos.

No creo que una plataforma arregle la planificación urbana. Sí creo que sin una base común y digital, cualquier mejora normativa que intentemos en los próximos años va a seguir chocando contra el mismo muro: datos que no se hablan entre sí.

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